Es en esta época de opciones cuando la humanidad a creado y consumido la mayor cantidad de "moneda cultural" en su historia, después de todo, vivimos en la era de la producción masiva en la cual las imágenes, los sonidos y los artículos se pueden encontrar al alcance de un público cada vez más extenso. Sin embargo, al pensar en la llamada "producción en masa" la reacción natural es la de atrincherarse en alguna de las clásicas posiciones en el tema, posiciones que lejos de ahondar en el problema lo alejan, lo reducen, los argumentos se voltean contra fenómenos particulares, modas efímeras o grupos sociales. El ataque y la defensa ciegos solo traen descontento mas no comprensión, las intersubjetividades se ignoran y las diferencias crecen, en fin, hablo de los frecuentemente enfrentados: "Negatividad" vs "Optimismo".
Al contrario de lo que parezca (Y aclarando de que estas dos categorías no son absolutas), estas posiciones poseen ya una larga carrera histórica en el análisis en distintos niveles de temas como "el buen gusto", "lo naco", los programas de televisión, el arte kitsch y los comics. ¿Pero que tan concientes somos de ellas?
Realmente no mucho, casi nada me atrevería a decir, siendo prueba fidedigna mi actual pelea interna con ambas posturas. Parte de la razón de este ensayo es el hecho de buscar deshacerme de estos puntos de vista para construir una mejor alternativa al estudio de estos temas al mismo tiempo de crear un mejor ambiente fundamentado en el diálogo y libre de imposiciones. Por lo tanto, me gustaría apoyarme literalmente en mi inspiración y la razón de ser de este texto, el gran libro "Apocalípticos e Integrados" de Umberto Eco (Edición de 1990) Sus puntos acerca de estas dos posturas serán clave para el futuro desarrollo de mi pensamiento. Espero el lector disculpe este atrevimiento.
Un apocalíptico parte de la postura que la cultura es una construcción fundada en el trabajo y la refinación. Un bastión que se contrapone al "populum" o la muchedumbre, (Heráclito: «¿Por qué queréis arrastrarme a todas partes oh ignorantes? Yo no he escrito para vosotros, sino para quien pueda comprenderme. Para mí, uno vale por cien mil, y nada la multitud») Un producto para los "Happy Few", los afortunados capaces de acceder intelectualmente a los niveles en que las clases bajas no se atreverían a entrar. Por lo tanto, el intentar crear una cultura para todos sería rebajarla a lo entendible por todos, una aberración por si misma y causa de desmayos entre intelectuales y snobs. Por lo tanto, la civilización vive una espiral cultural de decadencia en la cual se ansía la destrucción, siendo la única forma de salvar lo poco elegante que queda sin ser populacheado.

Un Integrado, en cambio, ve en los medios masivos de comunicación una oportunidad perfecta de expandir el conocimiento a un mayor número de personas. Observa las lógicas ventajas que ha traido la imprenta y confía con optimismo que a mayor número de intentos culturales la probabilidad de que surjan fenómenos significativos y cualitatívamente altos aumentará. Por lo tanto la creación de una cultura popular se convierte en prioridad y un gusto por si mismo. prefieren actuar, hablar y transmitir sus opiniones en cualquier medio posible utilizando las ventajas de los medios de comunicación masivos tales como internet o periódicos, mientras le llegue a más personas mucho mejor.

Sin embargo, al contraponer ambas posturas nos encontramos con fallas y huecos que se dejan sin tratar, ya que mientras los primeros teorizan sobre los efectos de manipulación de los medios masivos y la fabricación industrializada de productos culturales superficiales o vacios los segundos dan per se el adjetivo "bueno" a la multiplicación de la información y la libertad de expresión de estas entidades populares.
Analizando lo anterior, parecería ser que los apocalípticos buscan una cultura aristocrática en la cual los juicios de valor de unos cuantos influyen en que tan accesible podría ser una rama del saber sobre otra, de modo que se pudiesen proteger las verdaderas instituciones culturales de la vanalidad y superficialidad de la época actual. Los integrados, por otro lado, no toman en cuenta que la mayoría de las nuevos ideales populares no provienen desde abajo sino son creados por las clases superiores para fines comerciales o de control, una relación paternalista que lo que menos busca es hacer pensar a los consumidores de estos productos culturales, después de todo, "el producto debe agradar al cliente".
Al final, ambas posturas pecan al generalizar los fenómenos sociales desde su base, aplicando el de por si inexacto término de "masa" e ignorando la infinidad de grupos que forman estas clases socioeconómicas. El segundo pecado, en mi opinión consiste en darle connotaciones de "bueno" o "malo" a un producto cultural solo por su origen industrial o popular, ¿Acaso algo es despreciable solo por venir de algún estudio famoso de Hollywood? ¿Nuestro salvador siempre será encontrado en algún barrio humilde de provincia? En ambos casos, de ninguna manera.
Entrando a lo más personalísimo de mi opinión y apelando a las intersubjetividades así como al respeto a las culturas ajenas, los juicios de valor, al momento de hablar sobre gustos es como dar un argumento en favor del verde y en contra del naranja. Simplemente son prácticas, creencias y modos de vida que si bien pueden chocar con los nuestros poseen una lógica tremenda en la cosmovisión de cierto grupo social o civilización, por lo que merecen nuestro respeto.
Ya dejando atrás el signo inconfundible de la Antropología me encantaría añadir que esta regla acerca del respeto debe de ser mutua, tanto el otro como yo deberíamos de poder convivir y expresarnos adecuadamente, aprender del otro y cambiar nuestras ideas según nuestras decisiones y cánones, de modo que poco a poco podamos buscar mejores soluciones a los problemas de intolerancia, xenofobia y violencia en el mundo actual.
Usando un ejemplo concreto, me encantaría saber que el Jazz y el Reggaeton pueden convivir en armonía, sin ataques de ningún tipo y con una actitud de diálogo amistoso.
Editando un poco mi artículo (debido a que encontré que podía ser abierto a interpretaciones disímiles) me gustaría decir que si bien existen colores, es importantísimo tomar en cuenta otro factor y este es el nivel de trabajo, esfuerzo o ingenio de estas manifestaciones artísticas, siendo este vector el que brinde el adjetivo "calidad" a las obras. De esta forma si bien todo es válido o respetable (siempre y cuando respete las otredades), no ignoramos el hecho de que existe el mejoramiento, la bella técnica, el aumento de complejidad (que no es sinónimo de bueno) y la profundidad en mayor o menor medida, además de tomar en cuenta la existencia de diversos públicos intelectuales. Hay que decirlo, hay una diferencia abismal entre Televisa y People + Arts.
En pocas palabras, en vez de usar la desconfiada pregunta "¿Es bueno o malo que exista la cultura de masas? yo propondría preguntarnos "¿Es factible el promover valores culturales loables por medio de los medios masivos? Y de ser así ¿Cómo lograrlo en beneficio de todos? No destrucción ni defensa de estas instituciones sino una reforma de nuestra forma de vivir la cultura. Al final, la decisión se encuentra en cada uno de nosotros.
Les deseo un feliz día =D